Enero 2014 #8

Sant Cugat del Vallès es una de las mayores poblaciones de la comarca del Vallès Occidental. Está situada a apenas 15 kilómetros de Barcelona, con la que le une una eficaz red de carreteras y numerosas alternativas de transporte público.

 

Estas ventajas, junto a un entorno natural envidiable, hicieron que Sant Cugat creciera rápidamente y dejase de ser una población de veraneo para convertirse en destacada ciudad dormitorio. Su inteligente desarrollo urbanístico ha logrado atraer a numerosas empresas e instituciones educativas, entre ellas varias escuelas universitarias y un Centro de Alto Rendimiento Deportivo.

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El monasterio, protagonista de lujo

Dotada de un importante patrimonio arquitectónico, Sant Cugat presume de su monasterio como edificio más representativo. Fue construido entre los siglos IX y XIV y se convirtió en una abadía benedictina con gran influencia social y cultural en el condado de Barcelona.

Fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional en 1931. Posee un impresionante claustro de dos pisos apreciado por su estructura y por sus capiteles, de gran calidad decorativa.

El monasterio juega un papel esencial en la vida cotidiana de Sant Cugat: el lugar en el que se encuentra, la plaza de Octavià, es uno de los puntos neurálgicos de la población.

Un mercado único

La ciudad cuenta con un original mercado permanente, único en España, dedicado a la compraventa de muebles, objetos antiguos y curiosidades. Ubicado en una antigua fábrica de cerámica, el Mercantic acoge a casi un centenar de anticuarios, coleccionistas y artesanos.

El espacio abre todo el año. El mercado propiamente dicho se celebra los domingos; las subastas, los sábados. Y una vez al mes tiene lugar la curiosa Vintage Fest, que permite a los visitantes comprar antigüedades en las mismas condiciones que un anticuario.

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Rodeada de naturaleza

Sant Cugat está ubicada entre dos sierras. La de Galliners, muy pequeña, es uno de los últimos espacios forestales de la llanura del Vallès. La de Collserola, en cambio, ocupa más de 8.000 hectáreas de espacio natural protegido en plena área metropolitana. Declarada Parque Natural en 2010, conserva una interesante biodiversidad.

Puede que esa situación privilegiada haya provocado que Sant Cugat y sus habitantes muestren una intensa conciencia protectora del medio natural. Símbolo de ello es el pi d’en Xandri, el emblemático pino bicentenario de la localidad.

Elige Sant Cugat
¿Vivir a un paso de Barcelona con todas las comodidades? Aquí tienes tres propuestas.
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Residencial La Guinardera
Sant Cugat del Vallès

Encontrarás estas viviendas desde 93m2, 3 dormitorios y 2 baños en una zona tranquila y bien comunicada. Disponen de piscina y amplios jardines comunitarios.

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Edificio Benet i Cortada I
Sant Cugat del Vallès

Viviendas de 2 a 4 dormitorios con una ubicación inmejorable: a 20 minutos de Barcelona y con fácil acceso al aeropuerto, el tren y la playa.

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Edificio Pere Calders
Sant Cugat del Vallès

Son totalmente exteriores y cuentan con terrazas, piscina y zona comunitaria. Junto a las viviendas, de 2 y 3 dormitorios, podrías adquirir también garaje y trastero.

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La cocina como reclamo

Los cocineros del Vallès Occidental quieren convertir la gastronomía local en atractivo turístico. De ahí que promocionen productos autóctonos de calidad como la mongeta del ganxet, con Denominación de Origen Protegida; el pan de Sant Julià, elaborado con técnicas tradicionales; o la coca de vidre, famosa por su masa crujiente y anisada.

Además, varias poblaciones de la zona promueven una ruta gastronómica medieval denominada La Cocina de los Monjes, que adapta a la actualidad recetas originales elaboradas en el Monasterio de Sant Cugat, como espinacas o sopa de calabaza con queso.

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El legado modernista

La población cobró importancia a principios del siglo XX como lugar de veraneo para la burguesía barcelonesa. La construcción de la carretera de la Rabassada y del ferrocarril acercó Barcelona al Vallès, e hizo que algunos notables vecinos de la ciudad condal eligieran Sant Cugat para edificar su segunda residencia. Y lo hicieron siguiendo el estilo arquitectónico de moda: el Modernismo.La Casa Armet fue la primera en construirse, entre 1898 y 1899. Su arquitecto, Ferran Romeu, diseñó un edificio asimétrico que combina ladrillo visto y cerámica en su decoración. Diez años más tarde, Eduard M. Balcells construyó la Casa Mir. Su ornamentación, ahora cubierta por la hiedra, combina elementos naturalistas con un elaborado trabajo de cerrajería. Ambas se encuentran en la avenida de Gràcia.