Julio 2018 #
Decoración

Regla 60-30-10: la proporción ideal del color en tu casa

Te contamos cómo utilizar la regla 60-30-10 para combinar correctamente los colores y conseguir un ambiente equilibrado en la decoración de tu casa.

La regla 60-30-10, utilizada por decoradores e interioristas, permite aplicar el color de forma armoniosa. Cada cifra corresponde al porcentaje de color que utilizaremos: el color dominante en un 60 % de la totalidad de la superficie, el secundario en un 30 % y el 10 % para marcar el acento.

Color dominante: 60 %
Generalmente, el color dominante y que más se percibe a simple vista, se emplea para pintar las paredes. También puedes utilizarlo para colorear otros elementos, siempre y cuando alcance aproximadamente el 60 % del total cromático. Cuando nos referimos a color dominante no tiene por qué ser el más intenso o vibrante. Para las paredes, por ejemplo, escoge una tonalidad neutra, preferiblemente, blanco, beige, gris, marrón, piedra, etc. Elige uno u otro, más claro o más oscuro, en función de los metros disponibles y cantidad de luz natural que reciba la estancia, para multiplicar la sensación de amplitud o luminosidad. Si escoges un color más intenso como color dominante procura que el secundario y el de acento sean neutros, para evitar que el ambiente se vea demasiado recargado.

Color secundario: 30 %
En el caso del color secundario, debes aplicarlo en un 30 % de la totalidad del espacio; es la tonalidad que aporta interés al conjunto y por lo general, el que se usa en el mobiliario, grandes tapizados como sofás o butacas, cortinas, estores y alfombras. En este caso puedes atreverte con colores más intensos, sin ser excesivamente llamativos o estridentes: verdes, azules o rosas te ayudarán a añadir personalidad al ambiente, sin crear un efecto excesivo.

Color de acento: 10 %
Se trata del color que se utiliza en pequeños elementos, accesorios o complementos textiles; mucho más atrevido que el resto, puedes guiarte por las tendencias del momento para elegir el que más se adapte a tus gustos personales, ya que resulta más fácil de sustituir, si te cansas de él, pasado un tiempo: rojos, amarillos, naranjas, tonos ácidos, etc., añadirán el broche final al conjunto. En algunos casos, el color secundario es el auténtico protagonista del espacio; puede suceder en muchas ocasiones y se convierte en una buena opción si el dominante es un neutro y el color de acento es otro neutro de carácter opuesto, por ejemplo, en un salón con las paredes pintadas de blanco, un gris oscuro como color de acento, utilizado en complementos y un rosa pálido o amarillo claro como color secundario para sofás, cortinas y alguna alfombra. En estos casos, el resultado también es equilibrado.

Esta regla contempla la utilización de tres colores, pero puedes añadir alguno más como color de acento, siempre que los apliques, en su totalidad, en el 10 % de los elementos. Por ejemplo, si has escogido pintar las paredes de la habitación en blanco roto y utilizas el gris como color secundario, puedes incluir dos colores de acento más llamativos, que se complementen, en turquesa y verde lima, siempre y cuando no ocupen más del 10 %, para evitar saturar el espacio. Jugando con varios tonos de la misma gama cromática conseguirás que el ambiente no se vea plano, sino que se vea más interesante y personal.

Con esta sencilla regla conseguirás decorar tu casa con una combinación de colores armónica, para disfrutar de espacios equilibrados, en su justa medida.

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