FEBRERO 2017 #37
Decoración

El estilo nórdico

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La serenidad de sus tonalidades, así como crear ambientes luminosos y despejados son algunas de las características principales del estilo nórdico, conocido también como escandinavo. El uso de la madera, elementos decorativos y un mobiliario determinado definen esta decoración que recuerda a viviendas cálidas y confortables de áreas frías e invernales.  

En interiorismo, se ha convertido en todo un  referente a seguir. Hoy en día, se encuentra en cualquier tipo de estancia y hogar. De hecho, numerosos pisos y apartamentos, situados en zonas urbanas, también se han apuntado a la moda de la decoración nórdica.

Se hizo popular a finales de los años 50 y 60. En aquella época, se empleaba madera de teca, palisandro y contrachapados. Su  éxito radica en dos de sus rasgos principales. En primer lugar, la creación de ambientes abiertos, despejados y luminosos. El blanco, las ventanas de gran tamaño y los balcones exteriores son básicos a la hora de ambientar cualquier estancia. Y en segundo lugar, la incorporación de materiales naturales y objetos reciclados, muy en sintonía con la conciencia eco actual.

Cualquier ambiente nórdico sigue una serie de pautas. Te facilitamos algunos de sus rasgos clave.

 El blanco como color estrella. Un tono neutro, limpio y elegante que aporta un toque diáfano a cualquier estancia de la casa. Si se quiere resaltar sus cualidades, se puede combinar con un poco de color. En este sentido, nos decantaremos por tonalidades frías como el azul o el verde.

El blanco es el tono por excelencia no solo en suelos y paredes sino también en el mobiliario, cómodas, estanterías o mesas auxiliares, entre otros.

Tonalidades cromáticas complementarias. Los rosas, azules, verdes y lilas entran dentro de estas tonalidades complementarias. Se puede elegir cualquiera de ellos, combinado con el blanco, y así personalizar cualquier espacio de la casa. Los rosas, más claros u oscuros, configuran un entorno femenino. Por el contrario, los grises o azules aportan una estética masculina. Y los verdes son sinónimo de frescor en cualquier ambiente o rincón de la vivienda.

La madera es el material principal. El estilo escandinavo se sirve de maderas  como el arce, el pino, la haya o el roble para incorporar mobiliario y complementos de decoración. Por ejemplo, se pueden colocar troncos de madera, de mayor o menor grosor, a modo de maceteros, taburetes, mesitas, etc.

Decoración minimalista. Poco mobiliario y funcional. Se prescinde de objetos sin una utilidad determinada. Los muebles suelen ser bajos, sencillos y con líneas rectas. La decoración minimalista huye de las figuras recargadas y la sobre abundancia de objetos, los detalles llamativos y excesivos.

 Los textiles como elemento fundamental. Aunque la madera y la decoración minimalista son elementos principales y característicos, los textiles, como las mantas, cojines o alfombras, son algunos detalles fundamentales que aportan comodidad al hogar y acaban de dar la pincelada necesaria a la estancia.

Luz natural. Por último, el estilo nórdico se nutre de iluminación, así que en la medida de lo posible, adapta tu hogar y potencia la entrada de luz sin cortinas o utilizando materiales de tonos claros para conseguir dar el toque definitivo.

 

 

 

 

 

 

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