Diciembre 2017 #47
Asesor

Qué pasa con la vivienda en caso de separación

divorcio_portadaSegún el Instituto Nacional de Estadística (INE) en el año 2016 se separaron más de 120.000 parejas en España. A esta cifra habría que sumar también todas aquellas separaciones de parejas que no estaban inscritas en el Registro Civil. En este contexto, cuando se produce la ruptura una de las cuestiones que afloran es qué hacer con la vivienda.

Según el Consejo General del Poder Judicial en los tres primeros meses del 2017 las demandas de disolución matrimonial han aumentado un 4,8% con respecto al año anterior, siendo los divorcios contenciosos (sin acuerdo y recurriendo a tribunales) los que han experimentado un mayor aumento. La vivienda, junto a la custodia de los hijos, son algunos de los primeros temas a tratar cuando se extingue la convivencia. Por ello, es conveniente conocer todas las vías que existen, así como el marco jurídico que regula las viviendas conyugales.

Antes de nada, conviene saber que si no se han realizado capitulaciones matrimoniales -acuerdos celebrados antes o en el acto de contraer matrimonio y que tienen por objeto regular el régimen económico de un matrimonio- cuando se produzca una separación habrá que ampararse al régimen económico matrimonial (REM) de cada Comunidad Autónoma; por ejemplo, en Cataluña rige la separación de bienes mientras que en el resto de España mayoritariamente se estipula la de gananciales. Atendiendo a esta regulación, los bienes que se hayan generado durante el matrimonio serán de uno solo o de ambos y, aunque la propiedad de la vivienda la marca la titularidad que aparece en la escritura, en caso de llegar a los tribunales, dependiendo del régimen económico matrimonial, los jueces podrán fallar a favor de uno o del otro cónyuge.

Si en el Registro de la Propiedad y, en el caso de haber recurrido a financiación, en la escritura del crédito hipotecario, figuran como propietarios los dos integrantes de la pareja éstos podrán llegar a un acuerdo ateniéndose a estas diferentes opciones:

a) Vender la parte correspondiente a la expareja: se realizaría una compra privada abonándose al excónyugue la mitad de la cifra de la tasación de la casa. Para que se pueda realizar esta opción la parte compradora debe tener la liquidez suficiente y/o poder subrogarse al crédito hipotecario (si lo hubiera) además de poder satisfacer las cuotas.

b) Vender la vivienda a un tercero: el inmueble se comercializa y cuando se efectúa la venta el dinero obtenido se puede utilizar para liquidar la hipoteca (si la hubiese) y para repartir el capital obtenido a partes iguales.

c) Aunque no es la opción más utilizada algunas familias que adoptan la modalidad de custodia compartida establecen la vivienda familiar como “casa nido” y son los progenitores los que se desplazan a ese hogar cada quince días (o como hayan establecido por mutuo acuerdo).

d) También por mutuo acuerdo puede barajarse la posibilidad de alquilar el domicilio y que la renta obtenida sirva para pagar la hipoteca o para dividirse los beneficios.

e) Si se quiere conservar la vivienda, el derecho de uso (seguir viviendo en ella) se otorga por sentencia y por un tiempo determinado: hasta la mayoría de edad de los hijos en el caso de que la guardia y custodia corresponda al miembro de la pareja que se quede en el domicilio o por otras causas de mayor necesidad.

f) Si la pareja vivía de alquiler la solución es a priori más sencilla pero, independientemente de que el contrato esté a nombre de uno u otro, la persona que se quede a residir en la vivienda, por acuerdo o por sentencia, tendrá que comunicarlo al arrendador por escrito, adjuntando sentencia o acuerdo, en el plazo máximo de dos meses.

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