AGOSTO 2017 #43
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Le Corbusier y la arquitectura moderna

Le_CorbusierResulta sorprendente que las obras de un arquitecto nacido hace ya 130 años sigan sirviendo de ejemplo para las nuevas generaciones. Y es que Le Corbusier fue un visionario que no se conformó con idear estructuras. Pintor, escultor, diseñador de muebles, interiorista, urbanista y teórico, Le Corbusier está considerado uno de los padres del Movimiento Moderno, corriente arquitectónica nacida en la primera década del siglo XX.

Charles-Édouard Jeanneret-Gris nació en La Chaux-de-Fonds, una región de habla francesa de Suiza. De madre pianista y padre artesano quedó claro desde su más tierna infancia que su camino se encauzaría hacia el campo de las artes. Sus primeros estudios se enmarcaron en el ámbito de los oficios, como grabador, cincelador y pintor, pero su traslado a París supuso el descubrimiento de las grandes estructuras, un hecho que marcaría su camino hacia la arquitectura. Asentado ya en la capital francesa, cambió de nombre adoptando Le Corbusier -variación del apellido de su abuelo- y focalizó toda su creatividad en la construcción de edificios.

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Inspirador del Brutalismo

Su primer trabajo en París fue en el estudio de Auguste Perret, pionero en la técnica de la construcción con hormigón armado. El contacto con este material tuvo una importancia fundamental para Le Corbusier ya que con los conocimientos adquiridos sentó las bases del Brutalismo. Apariencia áspera, acabados duros y uso de materiales estructurales (vigas, pilares, etc.) para el exterior de los edificios son las características de este movimiento que explosionó en la década de los años 50 tomando a Le Corbusier como fuente de inspiración.

Le Corbusier además fue el responsable de diseñar la Unité d’Habitation de Marsella, un encargo del gobierno francés para proporcionar un hogar a los desplazados tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. A día de hoy, este residencial se ha convertido en un icono del movimiento brutalista.

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El concepto de vivienda

Le Corbusier definió el hogar como “una máquina para vivir”. Este concepto apelaba a que toda vivienda debía de ser ante todo práctica y funcional y para ello, la arquitectura y el diseño debían de simplificarse. Le Corbusier defendía, además, que las casas tenían que mejorar la calidad de vida de sus habitantes y por consiguiente, debían de contar con muebles útiles. Su silla LC1 o sus sofás LC2, LC3 y LC5 son ejemplos de este mobiliario funcionalista. Aunque su creación más emblemática es su chaise lounge (LC4), el diván más famoso de todos los tiempos e icono del diseño.

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Patrimonio de la humanidad

Le Corbusier murió de un infarto en 1965 a los 77 años mientras nadaba en la costa de Cap Martin donde se encuentra su famosa cabaña de vacaciones. Cincuenta años después de su muerte diversas instituciones francesas se movilizaron para reivindicar la figura del arquitecto. Fruto de esa reclamación, 17 obras diseminadas en más de siete países fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2016. Con la inserción de las obras de Le Corbusier en el catalogo de la organización internacional se abre también la vía para la protección de la arquitectura del siglo XX. Quedan como legado y bajo protección obras tan emblemáticas como la Capilla Notre Dame du Hout en Ronchamp, en Francia; el Complejo del Capitolio, en la India; el Convento de Santa María de la Tourette, en Eveux, o las Casas de la Weissenhof-Siedlung, en Stuttgart.

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